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lunes, 17 de octubre de 2011

Benjamin, Bordieu y Chomsky: tres pensadores sobre cultura, información, tecnología y poder

Les dejo tres textos que me parecen relevantes para reflexionar desde una perspectiva amplia los problemas que estamos abordando, en las intersecciones de los medios, el poder y la cultura.

"la obra de arte en la época de la reproductivilidad técnica"
por Walter Benjamin





La obra de arte ha sido siempre fundamentalmente susceptible de reproducción. Lo que los hombres habían hecho, podía ser imitado por los hombres. Los alumnos han hecho copias como ejercicio artístico, los maestros las hacen para difundir las obras, y finalmente copian también terceros ansiosos de ganancias. Frente a todo ello, la reproducción técnica de la obra de arte es algo nuevo que se impone en la historia intermitentemente, a empellones muy distantes unos de otros, pero con intensidad creciente. Los griegos sólo conocían dos procedimientos de reproducción técnica: fundir y acuñar. Bronces, terracotas y monedas eran las únicas obras artísticas que pudieron reproducir en masa. Todas las restantes eran irrepetibles y no se prestaban a reproducción técnica alguna. La xilografía hizo que por primera vez se reprodujese técnicamente el dibujo, mucho tiempo antes de que por medio de la imprenta se hiciese lo mismo con la escritura. Son conocidas las modificaciones enormes que en la literatura provocó la imprenta, esto es, la reproductibilidad técnica de la escritura. Pero a pesar de su importancia, no representan más que un caso especial del fenómeno que aquí consideramos a escala de historia universal. 

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"Preguntas a los verdaderos amos del mundo"
Pierre Bordieu






[...] únicamente podemos comprender realmente lo que significa la reducción de la cultura al estado de producto comercial si recordamos cómo se constituyeron los universos de producción de las obras que consideramos universales en el terreno de las artes plásticas, la literatura o el cine. Todas las obras expuestas en los museos, todas esas obras de la literatura que se convirtieron en clásicos, todas esas películas conservadas en las cinematecas y en los museos del cine son el producto de universos sociales que se conformaron de a poco, liberándose de las leyes del mundo ordinario y en particular de la lógica del beneficio. Pensemos en el siguiente ejemplo: el pintor del quattrocento tuvo que luchar contra los apoderados para que su obra dejara de ser tratada como un simple producto y evaluada en función de la superficie pintada y de los colores empleados; debió pelear para obtener el derecho de firmar, es decir, el derecho de ser tratado como un autor; debió combatir por la singularidad, la unicidad, la calidad y gracias a la colaboración de los críticos, biógrafos y profesores de historia del arte se impuso como artista, como "creador".
Pero todo esto es lo que se encuentra hoy amenazado por la reducción de la obra a un mero producto o mercancía.

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"Manipulación mediática"
por Noam Chomsky





El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. "Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales (cita del texto 'Armas silenciosas para guerras tranquilas)". 

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lunes, 12 de septiembre de 2011

La velocidad y el accidente






Les traigo aquí un documental-entrevista con el pensador Paul Virilio, (el que no pudimos empezar a ver hoy) véanlo y analicénlo con calma y tiempo.




Paul Virilio: Pensar la Velocidad





















Ya no estamos a finales del siglo XIX sino del XX, y el debate sobre las nuevas tecnologías no parece tener en cuenta todo lo que hemos vivido a lo largo del siglo XX con el progreso. En el XIX podía existir cierta ingenuidad ante el progreso técnico e, incluso, ante el social. Se podía disculpar un pensamiento que no abarcara la dimensión totalitaria de las nuevas tecnologías como el ferrocarril, la radio, su utilización negativa y la contaminación, tanto psicológica como geológica y atmosférica de las mismas. Creo que hoy día en el umbral del siglo XXI, tenemos que aprovechar la lección que se desprende de lo negativo de un progreso, pero que ya no es un progreso todo poderoso, un progreso idealizado por un pensamiento, según mi opinión, sin marcha atrás frente a la cara oculta del positivismo.
Las nuevas tecnologías son las tecnologías de la cibernética. Las nuevas tecnologías de la información son tecnologías de la puesta en red de las relaciones y de la información y, como tales, son claramente portadoras de la perspectiva de una humanidad unida, aunque al mismo tiempo de una humanidad reducida a una uniformidad. Creo que la cuestión del accidente, la cuestión de la contaminación, la cuestión del progreso sin cese, repetidas a lo largo del siglo XX, están de nuevo a la orden del día. Alabar las virtudes de las nuevas tecnologías, útil sin duda, para la publicidad de los nuevos productos, no creo que sea para la política de las mismas. En adelante, hay que señalar lo que es negativo en lo que parece positivo.
Hoy por hoy, las nuevas tecnologías son portadoras de un cierto tipo de accidente, y un accidente que ya no es local o está puntualmente situado, como el naufragio del Titanic o el descarrilamiento de un tren, sino un accidente general, un accidente que afecta inmediatamente a la totalidad del mundo.


Paul Virilio, El cibermundo, la política de lo peor, entrevista con Philippe Petit, Madrid, Cátedra, 1999, p. 14.